lunes, 20 de agosto de 2012


Oficialmente fué mi amiga de la infancia,  aquella con la que compartimos, juegos, vacaciones,  el primer beso, los primeros morreos, siempre la recuerdo sentada arriba mío y besándome de una manera que nunca pude olvidar. Con nadie  más  me besé de esa forma, era como si supiéramos, sin experiencia, que esas bocas estaban hechas la una para la otra. Luego nos separamos durante años, cada cual se casó por su lado y  siguió su rumbo hasta ayer en Carcassone.
Caminaba con una amiga,una  compañera de viaje que había conocido en Beziers, paseabamos por la cité y  nos paramos a mirar una vidriera de una joyería y ahí al fondo  ví  una mujer con el pelo rojo encendido, alta, esbelta, de espaldas,  La miré desde afuera de la tienda y me quedé en esa posición hasta que se dio vuelta, dudando si  era ella,  seguramente por la curiosidad; en un momento fijó su mirada en mí. Nos  miramos reconociendonos desde esos 24 años de ausencia. Sorpresa, asombro… caminó despacio hasta la puerta como quien quiere exorcizar una vieja aparición. Abrió la puerta y nos confundimos en un abrazo de casi  tres lustros diciéndonos con ese contacto profundo que seguíamos siendo los mismos, su boca buscó la mía, y tras un segundo de duda por mi acompañante me fundí y me apropié de su boca en un beso de una carencia del tiempo y del espacio. Por dios como extrañaba el contacto de esa boca, sentí como una garra que me atenazaba el estómago mientras nuestras bocas seguían unidas.
-         Quisiera saber que coños pasa aquí?, quién es esta tía? preguntó mi amiga.
-         Es mi amor de toda la vida, desde que era una cría, él fue mi primer beso, mi primer todo aunque no el primero y eso lo pienso remediar ahora. Estas invitada a unirte.
Por supuesto que no aceptó y se fue luego de decirnos de todo. Me cogió de la mano entramos a la tienda, cerró con llave y subió la escalera a un ático mientras se detenía en la mitad  para descalzarse y arrancarse la ropa. Llegamos arriba desnudos, me empujó arriba de una mecedora y se sentó arriba mío metiendo las piernas por dentro de los apoya brazos.
-         No lo puedo creer, soñé noches con tenerte así desnudo contra mi piel.
-         Y tu  fuiste mi ilusión preferida de mis pajas nocturnas.
No tuvimos tiempo para preliminares, el morreo nos había puesto a mil, acomodó su pelvis y ensartó mi polla en su coño y lentamente comenzamos a movernos sin despegar ni un momento los labios. La mecedora iba y venía con nuestros movimientos, hasta que  la sentí gemir y me corrí. Hacía tanto tiempo que no follaba con alguien sintiendo no sólo ese placer físico que depara el contacto y el roce sino la sensación extraña del orgasmo emocional,  el que no te deja  por nada perder el contacto con ese cuerpo, sentía como si hubiera vuelto a  encontrar a mi mitad extraviada.
Esto es el placer y no hay nada que se compare.
Me levanté teniéndola en vilo y nos fuimos a una cama pequeña donde la deposité poniéndome encima de ella. La besé y lamí todo su cuerpo, conociendo y reconociendo sus olores, sus pliegues su mucosas, entré con mi lengua en su vulva lamiendo y sorbiendo sus jugos, jugué con mis labios en los suyos besándola como antes lo hiciera con su boca, cuando la toqué en el clítoris pegó un respingo moviendo la pelvis contra mi lengua. Cambió de posición cogiendo mi polla con la boca mientra yo me ocupaba de su coñito con la boca, y ahí se corrió mordiendo mi polla mientras su cuerpo temblaba con las caricias de mi lengua.
Luego se acostó levantando las piernas para recibirme, le acomodé un almohadón para levantarle la pelvis y la penetré, lentamente, hasta el fondo, en cada embate emitía un quejido que aumentaba a medida que  me movía más rápido y más fuerte hasta terminar con un grito que ahogue con mi boca mientras resoplaba y ponía los ojos en blanco y yo me corría y me corría, por dios que placer, como se puede follar con todo el cuerpo y los sentidos.
-         Que hora es?
-         Son casi las seis.
-         Vamos a vestirnos que viene a buscarme mi marido con los niños.
Terminamos de acomodarnos cuando apareció él con dos críos tomados de la mano, abrió la puerta y le dio un beso. Me despedí como si fuera un cliente dándole las gracias y el hasta luego.
Volví al hotel y mi amiga se había ido dejándome una nota de odio y siete mil maldiciones.
Al día siguiente volví temprano a la tienda y colgada en la puerta estaba un cartelito de “cerrado por vacaciones hasta el 31 de agosto”.
¿Que puedo decir de esta crónica del adiós, el reencuentro y la desaparición?. Escribo cavilando  en el restaurante del hotel mientras cargan mis valijas en mi auto y debo seguir viaje  hasta Marsella.
 Que vueltas  tiene la vida, si hasta  parece que le encantara hacernos  jugarretas. Siento que algo volvió a romperse por dentro.

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