lunes, 14 de mayo de 2012


A mis 23 años, heredé de mi abuela un piso en la parte antigua de la ciudad,  estuvo deshabitado por unos cuantos años, cuando se internó sola en un geriátrico.
Con unos amigos nos pusimos manos a la obra para dejarlo habitable, cosa que conseguimos en unas  semanas trabajando duramente en nuestras horas libres, pintamos las paredes,   cambié el baño y parte de la cocina, la verdad quedó muy bien y a mi estilo de estudiante de Arte.

En mi primer noche  y vestida sólo con una camiseta me asomé al balcón para tomar un poco de aire observando, de manera distraída los pisos que se encontraban al frente, cada cual con su actividad nocturna, cenando, mirando televisión, leyendo,  follan…. Iba pensando en todas las actividades y de pronto vi una pareja que follaba en el balcón, ella estaba inclinada hacia adelante y el  la penetraba por detrás; solo se veía algo mas que sus siluetas proyectadas por las luces de la habitación que tenían por detrás. La tenía cogida de las caderas y moviéndose con algo de violencia mientras ella se tomaba del balcón con las manos. Esa visión me excitó, sentí el calor crecer dentro mío y creía escuchar los gemidos de ambos. Luego él se sentó y ella se puso de horcajadas de frente, mientras se besaban apasionadamente. Metí mi mano por arriba de mi braguita y comencé a acariciarme, estaba empapada, llevé el dedo medio de mi mano derecha hacia mi clítoris y comencé a acariciarme suavemente, miraba la faena que ambos hacían arriba de una silla ella subiendo y bajando mientras él le agarraba las dos tetas y se inclinaba para succionarle un pezón. Me introduje un dedo dentro mi coñito y comencé a penetrarme, tenía la mirada fija en los movimientos de ambos. Luego ella se dio vuelta y se sentó arriba de su polla movía las caderas lateralmente y en círculo, en un momento levantó la mirada y me miró – o eso me pareció-  y quedó con la cabeza dirigida a mí mirando como me masturbaba y aumentando su morbo, ella saltaba arriba de el. La verdad es que me dedicó su corrida mientras sentía que mis fluidos salían a caudales de mi interior  y quedaba sentada en el piso intentando recuperarme. Cuando me levanté ya no estaban  y habían corrido la cortina.
A la mañana siguiente mientras me preparaba para salir miré hacia el piso del frente y estaba  corriendo las cortinas un cincuentón con el cabello entrecano que fijó su mirada en mí y me saludó con la mano, respondí con un meneo de cabeza y me metí adentro con la vergüenza de haber sido pillada haciendo algo indebido.
Al volver a las siete de la tarde me apeteció comerme un bocadillo y tomarme una caña en el bar de la esquina. Estaba sentada en la barra mirando distraídamente un partido que pasaban en la tele, cuando se levantaron  tres mujercitas de 16 o 18 años dos de ellas tenían una funda de violín en la mano; se despidieron y quedó solo una de ellas,  se sentó al lado mío, no le presté mayor atención ya que seguía distraída el curso del partido, de pronto me dí cuenta que me miraba fijamente, la miré y me sonrió con una sonrisa amplia mientras cogía  mi mano y me dijo.
-          Fue fantástico lo de anoche, te miré y me pusiste a mil, mucho más de lo que estaba.
Sentí que la sangre subía a mi cara y la sentía arder, se paró me dio un beso cerca de la oreja y salió, no me dio tiempo a decirle nada.

Ya en el piso me puse a hacer unos diseños que tenía  postergados y miraba la ventana de la sala sin animarme a salir, sentía el sonido de un cello que tocaba, por momentos el sonido era mas leve y por momentos aumentaba el volumen. La curiosidad me venció, me asomé buscando el sitio de la música y venía del piso del frente, allí con las ventanas abiertas del balcón  estaba la muchacha desnuda con el cello entre las piernas en frente a un atril tocando mientras su profesor  le marcaba los compases con la boca en el cuello.
Volví a lo mío con alguna turbación con la música de fondo hasta que en un momento noté la ausencia de la música, tenía miedo asomarme y que me vieran en mi situación de voyeur, pero el solo pensarlo me excitaba. Apagué las luces y me asomé, allí estaba ella mirando hacia mi balcón mientras el profesor le tomaba los senos con las manos por detrás mientras tenía su boca en el cuello. No se si me vio o adivinó que estaba escondida y me hizo señas para que prendiese la luz y me acercara.
Estaba paralizada, sentía que estaba completamente ruborizada, la cara me ardía pero me animé prendí la luz y salí. Me saludó con la mano haciéndome señas de que me sacara la ropa. Me desnudé, el profesor trajo una mecedora en la que se sentó, ella se arrodilló y comenzó a meterse la polla en la boca, me miró y me hizo señas que me tocara las tetas.
Deje mis prejuicios de lado, me senté en un sillón de mimbre, calcé mis piernas en los apoyabrazos y empecé a seguirles en el ritmo, tomé una botella de cerveza vacía y me la metí en la boca imitando los gestos, ella se dio vuelta y me hacía señas para que me cruzara al piso, me sentía muy guarra pero no me atreví, me introduje el pico de la botella en el coño mientras ella se acomodaba encima levantó las piernas y se las puso a la altura de los antebrazos, la silla se movía y ella movía la pelvis e impulsaba el movimiento de vaivén. No pude más y me corrí mordiendo los labios para no soltar ningún grito, quedé exhausta mientras ellos follaban en la mecedora. Ambos se corrieron y yo hice el ademán de aplaudirles, se pusieron de pie, se tomaron de la mano y se inclinaron  saludando a su público, me tiraron un beso y se metieron para adentro.
Al día siguiente, sábado, fui a correr por la rivera del. Y de pronto lo veo paseando a un perro, era muy apuesto, alto de unos cincuenta y pico, el cabello entrecano y una barba muy corta, el esperaba que su perro hiciera sus menesteres y yo me acercaba corriendo, de pronto me vio, inicialmente con curiosidad hasta que me reconoció, me esperaba con una gran sonrisa y me salió al paso.
-          Hola!! Me llamo Abel, como estas compartimos algunos momentos de placer maravillosos, y ahora que te veo, ¡tia estás de puta madre!.
Estaba turbada no sabía si detenerme o seguir de largo, pero esa confianza en si mismo me sedujo. Me detuve.
-          Hola me llamo María, ¡como la pasais de bien vosotros!
Me detuve y seguimos caminando juntos.
-          Silvia es una alumna de música y una auténtica guarra, no le importa nada, es exhibicionista le gustan las juergas y apenas tiene 16 años.
-          Oye no tienes miedo que algún vecino te acuse y vayas preso.
-          Estoy dentro de mi propiedad si quieren mirar es cosa de ellos, pero no te hagas problema las mujeres se encargan que las ventanas estén todas cerradas para que no se asomen los maridos, y sólo  me pueden ver desde el piso tuyo y el que tienes al lado.  Silvia no viene el fin de semana, tengo otras alumnas pero no se comparan con el prodigio que es esta niña. El lunes te esperamos a tomar algo crúzate que la pasaremos bien.  Me cogió de las nalgas y me estampó un beso en la boca, luego siguió de largo. Seguí corriendo pero las piernas me temblaban. (c0ntinuará)