sábado, 3 de diciembre de 2011


La obligación de  llevar el avión a Fort Lauderdale para efectuar el recorrido mecánico de cinco años  fue el pretexto para escaparnos durante una semana a un punto casi perdido del planeta: Belice. 
Aproximadamente a unos 30 kilómetros hacia el oeste, existe una maraña de cayos, arrecifes que conforman unas pequeñas  islas  de aquellas a las que queremos huir cuando la vorágine de lo cotidiano nos aplasta.

Luego de una alucinante puesta del sol nos pusimos a asar un mero, regalo de uno de los pescadores de la zona. Encendimos unas brasas y envuelto en una hoja de plátano, rellenamos  el pescado con unos mangos y unas piñas  pusimos todo encima de las ascuas. 
Desnudos, con una botella de  ron negro, y un cigarrillo especial guardado para el postre, no podíamos pedir nada más.
El cielo despejado con miles de estrellas y una luna que pugnaba por salir. Era un escenario perfecto.
Su cuerpo sabía a sal y parada ante mí hundía mi boca en su ombligo, bajando lentamente, tanteando con los labios sus labios, pasándoles gentilmente la lengua, tomándolos suavemente con los dientes, succionando, introduciendo l mi lengua en su coñito salado. Levantó su pierna y la puso arriba de mi hombro. La tenía agarrada con las  dos manos de las nalgas, lentamente me fue empujando hacia atrás hasta acostarme en el piso, con su sexo arriba de mi boca, moviéndose circularmente buscando sus puntos de  placer mientras le lamía con la lengua plana su clítoris, me atrapó mi cabeza con sus muslos, impidiéndome mover; en ese momento mi boca sólo era un objeto para su placer, sentí que sus jugos se escurrían por mi boca mientras que con una mezcla de grito o lamento se corría. Seguí en la misma posición solo que esta vez mi boca se hacía cargo de su culo, lamiéndole la entrada, introduciendo primero la punta para luego dilatarla con el resto de la lengua. Le introduje primero un dedo, al cual le siguió otro. Mientras le metía los dedos, volví a ocuparme del coño Lara gritaba, la di vuelta, arrodillada y con el culo para atrás y arriba, mojándome con saliva la polla se la introduje despacio, primero la punta, sin moverme,  “dale hijo de puta fóllame hasta el fondo, mátame”. Me movía casi con violencia, ella tenia sus dos manos en su coño por delante mientras la bombeaba con furia por detrás, estábamos en lo mejor del polvo cuando al levantar la vista algo llamó mi atención:  veo en follaje y a veinte metros una pareja que nos filmaba, él estaba detrás de ella y sostenía una cámara mientras,por los movimientos, parecía que la follaba.
-        Lara la puta madre nos están filmando.
-        Si me di cuenta antes que me follaras por el culo, ¿los llamamos?
Los llamamos y se acercaron sonriendo disculpándose, ambos desnudos y bellos ella una mezcla de Walkiria rubia, alta con una tetas grandes y firmes, un vello color miel, un culo dibujado, unas piernas largas y unos labios carnosos y rojos de la excitación. El con el pelo largo hasta los hombros, barba rubia y ojos color turquesa y un pollón impresionante.
Dejó la cámara en el piso con la luz de filmación encendida. Me miró como pidiendo mi aprobación para acercarse a Lara que ya lo tenía de los hombros y lo apoyaba contra ella.

Ella me tomó de la mano y me llevó a la playa, me enjuagó la polla con agua de mar para luego ponerse de rodillas y comérmela. Se la metía hasta el fondo al tiempo que se ayudaba con la mano para dar movimientos circulares cuando la iba retirando de la boca. En  inglés con acento de Europa del Este me pidió que le haga lo mismo que le estaba haciendo a Lara, que no podía tolerar la polla del marido por el culo. La enculé despacio luego de trabajarla lo suficiente para que se mantuviera abierta, Follamos de costado lo cual me permitió acariciarle el coño. A lo lejos se escuchaban los alaridos de Lara mientras que la rubia se corría casi en silencio, aumentando el sonido de su respiración quejandose quedamente con un sonido gutural.  Quedamos acurrucados y acariciados por el agua del mar, hasta que nos quedamos dormidos. Desperté solo y con frío, volví a la cabaña, Lara dormía profundamente en una de las hamacas en la puerta de la cabaña, despacio me acosté detrás de ella y caí rendido.
A la mañana cuando nos despertamos fuimos a buscar a nuestros nuevos amigos. - se marcharon temprano nos dijo la mucama. Nunca supimos sus nombres ni de donde eran, quizás una alucinación que nos llenó de placer a ambos.